Evangelio del día 20 de septiembre 2017

Lectura de la primera carta de San Pablo a Timoteo 3, 14-16

Querido hermano: Aunque espero ir a verte pronto, te escribo esto por si me retraso; quiero que sepas cómo hay que conducirse en un templo de Dios, es decir, en la asamblea de Dios vivo, columna y base de la verdad.

Sin discusión, grande es el misterio que veneramos: Se manifestó como hombre, lo rehabilitó el Espíritu, se apareció a los mensajeros, se proclamó a las naciones, creyó en él el mundo, fue exaltado a la gloria. Palabra de Dios.

 

Salmo Responsorial: 110, 1-2.3-4.5-6

R/. Grandes son las obras del Señor. Doy gracias al Señor de todo corazón, en compañía de los rectos, en la asamblea. Grandes son las obras del Señor, dignas de estudio para los que las aman. R/.

Esplendor y belleza son su obra, su generosidad dura por siempre; ha hecho maravillas memorables, el Señor es piadoso y clemente. R/.

El da alimento a sus fieles, recordando siempre su alianza. Mostró a su pueblo la fuerza de su obrar, dándoles la heredad de los gentiles. R/.

 

Lectura del santo Evangelio según San Lucas 7, 31-35

En aquel tiempo, dijo el Señor: ¿A quién se parecen los hombres de esta generación? ¿A quién los compararemos? Se parecen a unos niños, sentados en la plaza, que gritan a otros: “Tocamos la flauta y no bailan, cantamos lamentaciones y no lloran” Vino Juan el Bautista, que ni comía ni bebía, y dijeron que tenía un demonio; viene el Hijo del Hombre, que come y bebe, y dicen: “Miren qué comilón y qué borracho, amigo de recaudadores y pecadores”. Sin embargo, los discípulos de la Sabiduría le han dado la razón. Palabra del Señor.

 

Meditación

Pablo habla, de cómo conducirse en el templo de Dios. No habla del templo material o las capillas; en aquel tiempo no tenían ese tipo de edificios, se reunían en las casas y en los lugares donde podían hacerlo con tranquilidad. Para Pablo el templo es la comunidad. En esta lectura hace referencia a dos temas fundamentales, la comunidad y a Cristo.

El centro de la comunidad no es su dirigente, ni quienes la componen, sino Cristo que es quien la reúne, le da vida y la mantiene. La comunidad es la asamblea del Dios vivo. Por eso, el enorme respeto que nos merece la comunidad. En nuestros sectores debemos tener una o más comunidades, la parroquia debe ser la “comunidad de comunidades”, es decir “la Asamblea de las Asambleas de Dios”.

Y el otro tema, repetitivo en Pablo, es Cristo, a quien lo presenta hoy como humano y divino, proclamado, venerado, creído y exaltado. Cristo, siendo Dios, es nuestro motivo de fe y de veneración.

Jesús en el Evangelio, compara a los indecisos con unos niños que han perdido la capacidad de reaccionar ante las invitaciones de sus amigos, pues ni bailan ni lloran. Es como cuando vemos el telediario y, después de una noticia trágica, pasamos a la información deportiva como si nada. Nos conmovimos unos segundos y luego nos olvidamos.

Las sectas se aprovechan de la indecisión de muchos cristianos para derrumbarles su fe y para incorporarlos en sus organizaciones. Por eso hemos de estar vigilantes, afianzando cada vez más los principios de nuestra fe católica.

Lo mismo sucede cuando entramos en una iglesia y vemos un crucifijo. Ya no nos llama la atención. ¿Y si viéramos a un hermano nuestro retorciéndose de dolor, colgado en el madero por cuatro terribles clavos?,¿No haríamos todo lo posible por bajarle de ahí?

 

Cristo espera que nuestro corazón vuelva a palpitar y reaccione ante nuestra realidad y la del mundo.

 

Si nuestra fe está marchita, es hora de que rejuvenezca. Si Jesús sigue clavado en la cruz por nosotros, es tiempo de aprovechar la redención.

 

Si no abrimos los ojos, vendrá alguien a tocar a nuestra puerta y nos arrebatará lo más valioso que tenemos, sin darnos cuenta.

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