Evangelio del día 26 de febrero 2018

Lectura del santo evangelio según San Lucas 6,36-38

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Sean compasivos como su Padre es compasivo; no juzguen, y no serán juzgados; no condenen, y no serán condenados; perdonen, y serán perdonados; den, y se les dará: se verterán una medida generosa, colmada, remecida, rebosante. La medida que usen, la usarán con ustedes.» Palabra del Señor.

Meditación
Perdonen y serán perdonados
El profeta Daniel nos regala esta página impresionante sacada de la vida misma del pueblo de Dios. Este texto revela en sí un verdadero
examen de conciencia no de carácter personal sino histórico. En el Antiguo Testamento la conciencia del pecado abarcaba dos grandes dimensiones: la personal y la comunitaria. Todo pecado afecta nuestra relación con Dios, con nosotros mismos, con los demás y muchas veces con el medio que nos rodea. Nos consuela la inmensa misericordia de Dios. A pesar de nuestros pecados, el Señor nos ama con un amor eterno y como dice el salmista: él nunca nos trata como mereces nuestros pecados. Ustedes se imaginan hermanos, que sucedería con nosotros, si Dios nos tratara según nuestras faltas… Dios es un padre compasivo y misericordioso, pero hemos de tener en cuenta que no podemos “abusar” de su misericordia. Hay que convertir el corazón de las malas acciones. Hay que arrepentirse del pecado que nos encadena. Hay que volver a él de todo corazón.

La cuaresma es un tiempo idóneo para pedirles perdón a Dios y a los hermanos, a quienes hemos maltratado al pecar. Un tiempo para acercarme a recibir la gracia del perdón a través del sacramento de la confesión. En este tiempo hay actos penitenciales en todas las parroquias y comunidades.

Hagamos un buen examen de conciencia y acerquémonos al sacramento de la penitencia, que es un sacramento de curación. Hagamos oración nuestro lema de este mes de Febrero: “Padre he pecado contra el cielo y contra ti” (Lucas 15, 18).

Este tiempo es para crecer en el arduo, pero provechoso camino del perdón, que tiene que ser necesariamente un camino recíproco. Recibo y doy. Qué el Señor nos ayude a ser compasivos y misericordiosos como él y a perdonar siempre. Amén.

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