Palabras de agradecimiento de Mons. Ramón Alfredo de la Cruz Baldera en su Consagración Episcopal como obispo de San Francisco de Macorís


Santo Domingo.- Compartimos las Palabras de agradecimiento de Mons. Ramón Alfredo de la Cruz Baldera en su Consagración Episcopal como obispo de San Francisco de Macorís.

Hoy he sido consagrado obispo de la diócesis de San Francisco de Macorís. Después de 30 años dedicado a la vida pastoral universitaria, ahora me toca hacerlo desde esta gran aula diocesana. Dedicaré toda mi energía y pensamiento a la misión que la Iglesia hoy me encomienda. No habrá otra actividad que ocupe mi agenda, más que la de los sacerdotes y la de cada uno de ustedes. Cuando las fuerzas me falten, dando lugar al cansancio, haré como hasta hoy he hecho, acudiré a buscar la fuerza que procede de lo alto: “Vengan a mí todos los que están cansados y agobiados y yo los aliviaré, dice el Señor” (Mt. 11, 28).

Conozco bien la diócesis, sus fortalezas y debilidades. Sin embargo, soy consciente que, aun así, eso no basta. Como pastor deberé tener una visión 360. Una mirada amplia y unos oídos dispuestos a escuchar a los de adentro y a los de afuera. Quiero ir a las periferias, ser pastor de una Iglesia en salida, que no tema al diálogo con el mundo, con los sectores sociales, profesionales y religiosos. Seré el obispo de los pobres y de los ricos, de los humildes y de los orgullosos, de los fuertes y de los débiles. Las puertas del obispado siempre estarán abiertas, para acoger, escuchar y acompañar.

Impulsaremos la Iglesia en “salida” que nos propone el Papa Francisco. La Iglesia que acude a aquellos lugares donde sufren los pobres, pero que también va a los lugares donde se forja la nueva cultura, la economía y la política. Una Iglesia en salida que trabaja con las juntas de vecinos, con los movimientos sociales y estudiantiles, con los comunicadores, periodistas, youtubers y con el gobierno dominicano.

Asumo esta misión en un mundo marcado por acelerados cambios, los cuales son tan rápidos que cuando creemos tener la respuesta adecuada, ésta ya no se corresponde al mismo. Muchos de estos cambios están impactando de manera directa la mente y el corazón de los cristianos. Nuestro Santo Padre, el Papa Francisco, reconoce que, como Iglesia, estamos atravesando por una fuerte crisis. Nuestra santa madre la Iglesia está siendo cuestionada por muchos sectores de la sociedad postmoderna, por lo tanto, debemos estar prestos a responder desde el evangelio y el magisterio. Gracias a Dios, la Iglesia guiada por el Papa Francisco, está respondiendo, como ninguna otra institución terrenal, con responsabilidad y transparencia. Si permanecemos unidos en la fe, saldremos fortalecidos en la esperanza y la caridad.

En mi escudo episcopal está plasmado mi lema: Dar razón de la esperanza.

 Desde mi ordenación sacerdotal, aquel 12 de enero de 1991, he llevado en mi corazón el mandato del apóstol Pedro: “Veneren en sus corazones a Cristo, el Señor, dispuestos siempre a dar razón de la esperanza al que se la pidiere. Pero háganlo con sencillez y respeto y estando en paz con su conciencia” (1 Pe 3, 15).

Estamos llamados a dar razón de la esperanza a tantos niños que carecen de un ambiente familiar estable, cuidados por sus madres solteras, las cuales cada día tienen que dejar el sudor y los años para garantizarles un futuro mejor. Muchas madres, por amor a sus hijos, soportan el maltrato y la humillación por parte de sus esposos. Quiero invitar a los agentes de pastoral familiar a acompañar a las familias, ayudar a las madres solteras, ser soporte y aliento para ellas, para que en nuestra diócesis cesen los feminicidios, el maltrato a la mujer y que en cada hogar crezca la esperanza del evangelio.

Dar razón de la esperanza a los jóvenes que han dejado de creer en la Iglesia, porque se han sentido incomprendidos y abandonados por sus pastores.

 Dar razón de la esperanza a aquellos que han perdido la fe en el Dios de la vida y el amor.

Dar razón de la esperanza a todos los enfermos que esperan la cura de una enfermedad hasta ahora incurable.

Dar razón de la esperanza a los colectivos feministas, LGTBIQ, anarquistas, pro tres causales, artistas urbanos entre otros. Reconozco que en estos grupos hay hombres y mujeres de buena voluntad. Unamos sueños y esperanzas para lograr todo aquello que es bello, noble, digno y justo. Que nuestras diferencias no nos alejen el uno del otro, sino más bien, que en una sana convivencia aprendamos a aceptar con paciencia nuestras diferencias y nos unamos para conseguir la sociedad que juntos soñamos.

Dar razón de la esperanza a todos los inmigrantes para que sientan que nosotros como pueblo cristiano los acogemos y apoyamos en el logro de sus sueños.

Deseo motivar a los sacerdotes, religiosos, religiosas, catequistas, movimientos y comunidades cristianas a poner al servicio de la iglesia los carismas, cada uno desde su particularidad para el bien de la comunidad. Todos y cada uno de los católicos somos necesarios para la vida de la Iglesia. Nadie debe sentirse aislado, incomprendido. Como pastor de esta Iglesia local es mi más profundo propósito acompañar a la grey confiada a mí, indigno siervo del Señor, en este peregrinar hacia la casa del Padre.

Ahora para finalizar permítanme dirigir unas palabras en alemán, como agradecimiento a la Iglesia que peregrina en Alemania y que ha sido parte significativa en mi formación:

Liebe Schwestern und Brüder, liebe Freundinnen und Freunde in Deutschland. Eine wichtige Erfahrung meines Lebens waren meine Studienaufenthalte in Deutschland. Ich möchten den Verantwortlichen des Erzbistums Köln und des Schönstatt-Institut Diözesanpriester, dass sie mich von 1985 bis 1990 als Priesteramtskandidat angenommen und mir das Theologiestudium in Bonn ermöglicht haben. Von 1996 bis 2000 konnte ich als Kaplan zu Aushilfe in Sechtem und Walberberg tätig sein und so mein Promotionsstudium finanzieren, sowie pastorale Erfahrungen sammeln. Der Bonner Fundamentaltheologe Prof. Hans Waldenfels SJ hat mich schon während der Vorlesungen amimiert hat, von meiner Hoffnung Zeugnis zu geben. Dieses Zitat aus dem Ersten Petrusbrief habe ich zu meinem bischöflichen Wahlspruch gewählt, weil ich darin eine grundlegende Aufgabe für jeden Christen und jede Christin sehe. Als Bischof sehe ich es als *meine* vorrangige Aufgabe, die Kleriker und Laien in meinem Bistum zu animieren, dies auch zu tun. Mein Doktorvater Gottfried Bitter hat mich gelehrt, aus dem Leben zu lernen und aus dem Glauben zu leben. Ich danke den Mitstudenten und -studentinnen, die mich auf meinem Weg begleitet haben und mit denen und durch die ich meinen Horizont erweitern konnte.

Ich danke den Gläubigen in den Pfarreien in Sechtem und Walberberg, die mich nicht nur als Kaplan aufgenommen, sondern die mir Heimat in der Fremde geschenkt haben.

Ein besonders wichtiger Ort war für mich das Haus von Familie Marx, Familie Schmitz, und Familie Bechberger. Sie gehören meiner Familie und ich verdanke ihnen viel Geborgenheit und Unterstützung.

Ein tiefes Dankeschön an meinen großen Freund und geistlichen Sohn Priester Jörg Harth.

Ich habe dich in deinem spirituellen Wachstum begleitet, aber ich habe mehr von dir erhalten, als ich dir gegeben habe.

Vielen Dank.

El Espíritu Santo que se posó sobre los apóstoles, que en aquel memorable acontecimiento estaban en oración junto a la Madre de Dios, descienda sobre nuestra diócesis, para que pongamos todos los carismas al servicio de la misma y que nuestras parroquias sean aquel tabernáculo de vida, de dones, de dinamismo.

Al concluir sólo me resta decir gracias. Gracias a mis hermanos obispos antecesores que han dado sus vidas por esta grey: Mons. Flores (ya en la casa del Padre), Nicolás de Jesús Cardenal López Rodríguez, Jesús María de Jesús Moya y Fausto Ramón Mejía. Para ellos pido un fuerte aplauso Gracias a todos los presentes y a los que están de manera virtual. Gracias a cada equipo de trabajo, a los que han contribuido económicamente, a los medios de comunicación social por cubrir este momento agradable a Dios. Gracias de todo corazón.

 

Documento Original: Palabras de agradecimiento – Mons. Alfredo de la Cruz (2) (2)



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