Pidamos al Señor que nos ayude a encontrar siempre la serenidad y la alegría – Diario Católico


Durante su visita a Asís este viernes 12 de noviembre, el Papa Francisco invitó a pedir al Señor encontrar siempre la serenidad y la alegría y destacó la huella de San Francisco en Asís y de la importancia de la Porciúncula.

“Pidamos al Señor que nos ayude a encontrar siempre la serenidad y la alegría. Aquí, en la Porciúncula, San Francisco nos enseña la alegría que supone mirar a los que nos rodean como compañeros de viaje que nos comprenden y nos apoyan, igual que nosotros lo hacemos con él o ella”, alentó el Papa ante más de 500 pobres reunidos en la Basílica de Santa María de los Ángeles.

El Santo Padre visitó Asís con ocasión de la V Jornada Mundial de los Pobres que se llevará a cabo el próximo domingo 14 de noviembre.

Tras rezar en silencio en la Porciúncula, el Papa escuchó testimonios de diferentes personas y luego pronunció un largo discurso en el que improvisó en numerosas ocasiones.

Que este encuentro abra los corazones de todos nosotros para ponernos a disposición de los demás; que abra nuestros corazones para hacer de nuestras debilidades una fuerza que nos ayude a seguir en el camino de la vida, para transformar nuestra pobreza en una riqueza a compartir, y así mejorar el mundo”, animó el Papa.

Además, el Santo Padre recordó que “Asís no es una ciudad como las demás: Asís lleva la huella de San Francisco. Pensar que fue en estas calles donde vivió su inquieta juventud, donde recibió la llamada a vivir el Evangelio al pie de la letra, es una lección fundamental para nosotros” porque “nos sentimos atraídos por esta sencillez de corazón y de vida: es el atractivo mismo de Cristo, del Evangelio. Son hechos de la vida que valen más que los sermones”.

Luego, el Papa relató un episodio de San Francisco con fray Masseo en el que ambos recogieron unos trozos de pan duro y rancio. En aquella ocasión, San Francisco subrayó que “lo que tenemos nos lo da la Providencia” como ese pan y el Santo Padre añadió “esta es la enseñanza de San Francisco: saber contentarse con lo poco que tenemos y compartirlo con los demás”.

Porciúncula

Asimismo, el Santo Padre señaló la importancia de la Porciúncula que es una pequeña capilla que se encuentra en el interior de la Basílica de Santa María de los Ángeles y es uno de los lugares más significativos para la familia franciscana.

El Papa destacó que la Porciúncula “es una de las pequeñas iglesias que San Francisco pensó en restaurar, después de que Jesús le pidiera reparar su casa” y agregó que “en aquel momento, nunca habría pensado que el Señor le pediría que diera su vida para renovar no la iglesia hecha de piedras, sino la de las personas, de los hombres y mujeres que son las piedras vivas de la Iglesia”.

En esta línea, el Papa afirmó “si estamos hoy aquí es precisamente para aprender de lo que hizo San Francisco. Le gustaba pasar mucho tiempo en esta pequeña iglesia rezando. Se reunía aquí en silencio y escuchaba al Señor, lo que Dios quería de él. También nosotros hemos venido aquí para esto: queremos pedir al Señor que escuche nuestro clamor, que escuche nuestro clamor y que venga en nuestra ayuda. No olvidemos que la primera marginación que sufren los pobres es la espiritual”.

“Estar aquí, en la Porciúncula, nos recuerda la compañía del Señor, que nunca nos deja solos, siempre nos acompaña en cada momento de nuestra vida. El Señor está hoy con nosotros. Nos acompaña, en la escucha, en la oración y en los testimonios dados: es Él, con nosotros”, advirtió.

Luego, el Santo Padre subrayó otro hecho importante de la Porciúncula cuando porque allí “San Francisco acogió a Santa Clara, a los primeros frailes y a muchos pobres que acudían a él” y explicó que “con sencillez los recibió como hermanos y hermanas, compartiendo todo con ellos”.

De este modo, el Papa destacó que “esta es la expresión más evangélica que estamos llamados a hacer nuestra: la acogida” porque “acoger significa abrir la puerta, la de la casa y la del corazón, y dejar entrar a los que llaman. Y que se sienta a gusto, no en el temor, no, a gusto, libre”.

“Donde hay un verdadero sentido de la fraternidad, hay también una experiencia sincera de acogida. Cuando, por el contrario, hay miedo al otro, desprecio por su vida, entonces nace el rechazo o, peor aún, la indiferencia: mirar para otro lado. La acogida genera un sentimiento de comunidad; el rechazo, por el contrario, se encierra en el propio egoísmo”, afirmó.

Por ello, el Santo Padre destacó también a la Madre Teresa de Calcuta que “hizo de su vida un servicio a la hospitalidad” y enseñó que “la mejor bienvenida” es “la sonrisa”. Por lo que el Papa añadió “compartir una sonrisa con alguien necesitado es bueno para ambos, para mí y para el otro. La sonrisa como expresión de simpatía, de ternura. Y entonces la sonrisa te envuelve, y no puedes distanciarte de la persona a la que has sonreído”.

Finalmente, el Papa agradeció los testimonios “que han demostrado valentía y sinceridad” y destacó dos aspectos. El primero, el “gran sentido de la esperanza” porque “la vida no siempre ha sido indulgente con ellos; en cambio, a menudo ha mostrado una cara cruel”.

El segundo, la resistencia que tienen “la fuerza de seguir adelante a pesar de todo, de ir contra la corriente” y agregó que “la resistencia no es una acción pasiva, al contrario, requiere el valor de emprender un nuevo camino sabiendo que dará sus frutos”.

Resistir significa encontrar razones para no rendirse ante las dificultades, sabiendo que no las vivimos solos sino juntos, y que sólo juntos podemos superarlas. Resistir cualquier tentación de abandonar y caer en la soledad o la tristeza. Resistirse, aferrarse a la pequeña o escasa riqueza que podamos tener”, dijo el Papa.

Por último, el Santo Padre agradeció este encuentro con ocasión de la Jornada Mundial de los Pobres y agradeció “a los pobres que abren sus corazones para darnos su riqueza y sanar nuestros corazones heridos. Gracias por esta valentía”, concluyó el Papa.



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